Al despertar del sueño llegó la crisis del racionalismo surgido con la Ilustración. Crisis del resultado de promesas que no se cumplieron y de todo lo que no fue hacia la dirección indicada. Sin embargo, no se puede contar con una definición precisa de la Ilustración. Pero, sin duda, se pueden tener en cuenta los siguientes caracteres genéricos:
-
Prometeo se encuentra en el centro del discurso sobre la realidad personal y
colectiva.
- El
discurso es entendido de manera crítica con el pasado y acrítica con el futuro
abierto por el progreso, consolidado por la ciencia y difundido por la
educación.
- Se
presenta como una alternativa radical, tanto antropocéntrica como
irreligiosamente.
- Se
intenta sustituir el misterio por la razón.
- Se
inclina hacia un estilo de vida hedonista y epicúreo.
La
Ilustración no se ha manifestado en ninguna parte, se ha caído en la
desilustración. El hombre nacido de la modernidad ilustrada no ha sido capaz de
llevar a cabo la construcción de su propia felicidad. Pudiendo con esas ideas
haber llegado a la construcción de un hombre y, por lo tanto, de una sociedad
más culta, más sólida, lo que se ha producido ha sido un desgaste de ese hombre, que anda sin rumbo.
Adorno
y Horkheimer reflexionaron sobre las
consecuencias de la Ilustración en la sociedad moderna. La Ilustración tuvo
como objeto liberar al individuo del miedo (mito) y constituirlo como “señor”
al entender la naturaleza, pero esto se desvirtuó hasta tal punto que llevó hasta
el desencantamiento del mundo. Los
avances en el ámbito de los medios técnicos se ven acompañados por un proceso
de deshumanización. La racionalización tiende a destruir la razón misma en pro
del progreso. La vinculación que se produce entre razón y dominio va a ser
denunciada por los autores. Aparece la idea de que el lugar del pensamiento
filosófico ha sido ocupado por el pensamiento científico moderno. Se produce la
supeditación del poder de la razón instrumental al orden productivo del sistema
social que se basa en la contemporaneidad del consumo.
Se
produce una autodestrucción de la razón. La sociedad habría creado un concepto
de razón definiéndolo como un instrumento de dominio de la naturaleza y del
semejante. Esto, a su vez, llevaría al dominio del hombre sobre sí mismo. Se
entendió por racionalidad, un pensamiento calculador que organiza el mundo para
los fines de la autoconservación y no conoce otra función que no sea la de
convertir el objeto en un mero material de dominio (cosificación). La razón
ilustrada ha degenerado en razón instrumental y así, el consecuente es un mundo convertido
en un mundo administrado y totalitario.
Lo
más terrible es la falta de límites de la racionalidad instrumental y su avance
hacia un dominio absoluto que la conduce hasta el control del propio hombre.
Los individuos viven en un mundo administrado por las esferas dominantes, donde
el pensamiento degenera en mercancía y el lenguaje coopera con tal objetivo. El
aumento de la productividad económica podría crear condiciones para un mundo
más justo, pero, sin embargo, los grupos
sociales que disponen de esta productividad tienen superioridad sobre el resto
de la población. Así, el individuo es anulado frente a los poderes económicos.
Nuestra
sociedad como heredera de todo este proceso de desilustración no es más que el
reflejo de esa deshumanización llevada a cabo en pro del progreso ilimitado
donde se pierde de vista demasiado a menudo el sentido, el fin y los valores.
El hombre debería luchar por la eliminación de la igualación, de la anulación,
de la represión, la imitación, etc; y la única manera de hacer despertar al
hombre del sueño del desarrollo a través de la razón instrumental es, en mi
opinión, la educación y por ella debemos esforzarnos.