domingo, 15 de enero de 2017

La globalización como fenómeno transformador. Implicaciones políticas, económicas y sociales.


 










Según David Held y McGrew: “la globalización designa la escala ampliada, la magnitud creciente, la aceleración  y la profundización del impacto de los flujos y patrones transcontinentales de interacción social. La globalización remite a un cambio o transformación en escala de la organización humana que enlaza comunidades distantes y expande el alcance de las relaciones de poder a través de regiones y continentes de todo el mundo”.

Con la presente, se pretende llevar a cabo una presentación de la globalización como fenómeno transformador de sus orígenes, características definitorias y rasgos hasta las consecuencias.
En primera instancia, habría que destacar el hecho de que hay consenso en presentarlo como un fenómeno que no es novedoso. Ya hace miles de años se inician procesos con actos simples como el intercambio de bienes y el compartir experiencias. Cada uno de los procesos de transformación global ha supuesto un cambio de paradigma y, por tanto, en la forma de desarrollo de las relaciones humanas. El desembarco de Colón en 1492 marcaría el inicio de la reconexión global.
En el siglo XV, surge una sociedad internacional con el proceso de mundialización que tiene lugar al superar la sociedad medieval y su orden social jerarquizado. En el siglo XVII se institucionalizará la sociedad internacional con el Tratado de Paz de Westfalia de 1648 con el que nace el estado moderno con fronteras, población y un poder soberano, que se convertirá en la máxima autoridad de las relaciones internacionales.
Tras la Segunda Guerra Mundial se vivió una estabilidad basada en la bipolaridad de las dos grandes potencias que da lugar al surgimiento de una nueva sociedad internacional. En 1949, el Tribunal Internacional de la Haya advierte ya que los estados habían dejado de ser los únicos sujetos de derecho internacional.
Existirán al respecto dos teorías enfrentadas. Por un lado F. Fukiyama defenderá el fin de las ideologías y de las historia tras el triunfo de la democracia liberal post-Guerra Fría y, sin embargo, por otro lado, Ulrich Beck defenderá un resurgimiento del conflicto auténticamente político tras su congelación durante la Guerra Fría.
En el siglo XX empieza pues, el desarrollo de la globalización, que se acelerara con la caída del Muro de Berlín en 1989 y la desintegración de la URSS en 1991. Entonces, la globalización debe verse no como algo nuevo, sino como la culminación de la internacionalización como tendencia histórica universal que resulta de la acumulación de fuerzas, actores, procesos y efectos.
La realidad global deviene compleja, lo que es claro, es la dificultad de llegar a un acuerdo sobre la definición de la globalización debido a la complejidad  de procesos, interrelaciones y consecuencias. Lo que se da hoy es un único sistema de comunicación en el que la información circula de manera instantánea y libremente a través de diferentes sistemas de comunicación traduciéndose en aproximaciones, generando solidaridades, identidades, reforzando el papel de los individuos, de los actores transnacionales y subestatales, llevando a la descentralización, erosionado fronteras, provocando interdependencias y dependencias, transformando la forma de ejercer el poder y cuestionando la soberanía estatal.
Esta nueva sociedad se caracteriza, pues, por las TIC'S, el transporte, la ideología hegemónica del capitalismo, nuevos actores y organizaciones internacionales.
Manuel Castells marca las siguientes claves para entenderla:
  • Economía global, que se supone la interdependencia de los mercados.
  • Comercio internacional como clave del crecimiento global.
  • Internacionalización de la ciencia.
  • Sistema mediático global.
  • Medio ambiente como un problema planetario.
  • Globalización de los derechos humanos.
  • Seguridad global como un problema compartido.

Por su parte, Marcel Merle dirá que es universal, compleja, heterogénea (por el número de actores), fragmentada (por las diferencias políticas, económicas y culturales) e interdependiente.

Por tanto, es claro que el proceso de globalización provoca la transformación de las relaciones humanas y de las transacciones en los flujos transcontinentales e intergeneracionales. La globalización actual, es al mismo tiempo un proceso y un sistema de relaciones que afecta a todas las facetas del quehacer humano, que se extiende a los aspectos más cotidianos de la vida de las personas y del mismo modo se instala en los asuntos de trascendencia colectiva, ya sea en su vertiente económica, política o en aspectos sociales o culturales.

Todo el proceso viene marcado por la rapidez y la aceleración de los cambios. Estando así las cosas, surgen relaciones adversas a un proceso que es imparable, que ha llevado a que muchos hablen de la era de la incertidumbre, con visiones que apuntan hacia un sistema inestable, opaco y sin legitimidad. Señalando que si las tendencias de la cara oscura de la globalización se mantienen los resultados serán catastróficos.

Daniel Innerarity señala que la acentuación de la globalización, con las interdependencias que provoca parce acercarnos más a la indeterminación marítima de los Imperios que a la solidez terrestre de los Estados.

Por su parte, Manuel Castells habla de la transformación mundial que está sufriendo el mundo. Ya que aun reconociendo el desarrollo tecnológico y económico que se vive en las sociedades avanzadas, hay que tener en cuenta que el cambio se presenta para la mayoría de las personas como ajeno, incontrolable e inevitable. De ahí, el surgimiento de movimientos críticos.

Con todo ello, y teniendo en cuenta que la globalización es un marco en el que se encuentran actores individuales y colectivos, públicos y privados, pero sobre todo sus relaciones entendidas en clave integración económica, política y social. Pasamos, pues, a realizar un análisis de cada una de estas implicaciones, no dejando sin señalar desde el inicio que todas se encuentran en estrecha conexión.

Empezaremos hablando de las fuertes implicaciones políticas de la globalización: la principal estructura política desde el siglo XV era el Estado, entendido como lo define Heller, como una estructura de dominación, actor principal de las relaciones internacionales. Las relaciones económicas, políticas y sociales se desarrollaban en el marco de los estados. Esto se verá alterado por la aparición de nuevos actores y acontecimientos donde las relaciones traspasan fronteras y se ubican en un contexto planetario. Los estados se van a ver desbordados y su papel será insuficiente. Daniel Bell dirá que los estados son demasiados pequeños para los grandes desafíos y demasiado grandes para los pequeños problemas. Sin embargo, como señala Manuel Castells, el estado aun no tiende a desaparecer, sino a adaptarse al contexto. Entonces los estados siguen siendo actores centrales aunque su papel cambia. Lo que se produce es un proceso de transformación de la soberanía estatal a través de una internacionalización, una descentralización y un proceso de gobernanza.
La internacionalización marcada por la necesidad de un orden internacional al constatarse la incapacidad de la forja política estatal de abordar determinados retos. Encontraremos formas de cooperación distinta como las Naciones Unidas en el ámbito político, la Union Postal en el ambiro técnico o el Banco Mundial en el ámbito económico. La Unión Europea es un ejemplo clave de institución supranacional.
Al mismo tiempo, se produce una descentralización, a través de procesos de cesión interna de competencias ya sea a través del sistema federal americano o de los procesos intermedios que vivimos en Italia o España (que Eliseo Aja definirá como pseudo-federalismo).
Hay que señalar que ambos procesos han permitido la supervivencia del Estado como estructura principal contemporánea. Lo que se produce es que sobre esta crisis del Estado-nación, donde este pierde esa soberanía que era clave de la estructura westfaliana, se desarrolla lo que Castells ha denominado estado-red, cuyo mayor exponente será la Unión Europea. El Estado se dota, como vemos, de instrumentos cooperativos de gestión, navegación y negociación; perdiendo soberanía y pasando a un poder compartido. Y con ello, dando lugar a un nuevo sistema institucional, donde el Estado cumple funciones de articulación e integración hacia dentro y hacia fuera.
Esta situación lleva al mundo a centrarse en el paradigma de la gobernanza global, donde el sistema aparece como un compendio de actores cada vez más denso, que provocan tensiones en los planes de eficacia y legitimidad que llevan a los estados a perder soberanía frente a mecanismos de gobernanza global o regional.
Por esto, uno de los grandes retos será articula la posición jurídica de los estados y de las instituciones internacionales que ejercen muchas de sus funciones, teniendo en cuenta también que su ejercicio requiere mecanismos internacionales de cooperación. Held defenderá que el significado de las constituciones en los estados debe ser explorado en el contexto de una sociedad internacional compleja. A su vez, la globalización da lugar a la reformulación del derecho internacional orientado a un modelo de sociedad global. Al modificarse la naturaleza de las relaciones sociales, la sociedad de los Estados queda obsoleta. Franc J. García habla de una reformulación del derecho internacional como derecho político global. Se debe diseñar una nueva generación de instituciones globales, generar doctrinas capaces de entregar justicia global para una comunidad global. La configuración de nuevos espacios requiere una jurisdicción más allá del estado nacional, una gestión apropiada de los bienes comunes interdependientes y la gobernanza global.
Sin embargo, las dificultades son grandes. Faltan aún mecanismos para la transferencia y representación política efectiva a nivel global. Un de las consecuencias más visibles de la globalización política es la incapacidad de adaptación de las instituciones que le sirven de soporte, instituciones supranacionales del siglo XX creadas para paliar un tipo de relaciones que poco tienen que ver con las que se dan hoy en día, de ahí que la gobernanza sea el reto principal.
Si las propuestas de reforma de las instituciones internacionales hablan de reconocer la complejidad, la cantidad de actores e intereses, los fracasos muestran la incapacidad de las mismas para adaptarse a los paradigmas de la globalización y la multipolaridad. Como es el caso de NNUU y la necesidad de reforma señalada en la Declaración del Milenio de dotar a la Asamblea General de un papel central, reformar el Consejo de Seguridad y fortalecer la Corte Internacional de Justicia. Esto da lugar, a nuevas formas de cooperación regional entre potencias: 
  • Como es el caso de los BRICS que presentan ascenso estructural y un crecimiento económico importante a través de foros de dialogo y cooperación. Lo que señala fuertemente la necesidad de la revisión de las instituciones internacionales donde no todos tienen voz y donde en muchas ocasiones los mismos países que se sientan en unas mesas de negociación bloquean las reformas llegando a fuertes contradicciones.
  • O como el caso del reciente éxito alcanzado por la OMC, que si en 2001 la Ronda de Doha se enquisto por los intereses encontrados de los países desarrollados y los países en desarrollo, en 2013 alcanzo el Paquete de Bali que reinicia la partida del comercio mundial. Aportando así luz en la gobernanza económica y global.

La visión de las relaciones internacionales, por su parte y dentro de esta realidad compleja, también cambia. Serán decisivos (como señala Vallespin):
  • La caída del Muro de Berlín y el Bloque Soviético.
  • Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.
  • La crisis económica del petróleo del 73 y la crisis financiera del 2008.

Problemas internacionales que no pueden ser resueltos por los estados aislados, cuya solución lleva a mayores grados de interdependencia. Se pone en el centro de mira la seguridad internacional, el terrorismo, la desilogización del mundo frente a fundamentalismo y pulsiones nacionalistas. Los atentados del 11 de septiembre sitúan al mundo islámico en el centro y el actual fundamentalismo del Estado Islámico crea problemas políticos y geoestratégicos en occidente, poniendo de relevancia que los conflictos globales necesitan de soluciones globales e integradoras, de gestión de la seguridad y el miedo en un mundo abierto.
La cuestión de la evolución de la democracia es crucial en el proceso de globalización. Donde la legitimación de la democracia se ve amenazada en muchas ocasiones como resultado de la capacidad de acción perdida por el estado, que está cada vez más sujeto a dependencias internaciones y construcciones globales.
El mundo se nos presenta como una realidad común (como presenta Daniel Innerarity), sin dueño, en el que es difícil establecer responsabilidades. Lo que nos lleva de manera indiscutible a la segunda implicación de la globalización que vamos a analizar; la económica.

En lo económico, la globalización actual significa un cambio en el orden económico mundial, que va más allá de la expansión del comercio internacional. Surgen patrones de integración de la producción que cruzan las fronteras nacionales, acompañado de un aumento de la inversión internacional de las grandes empresas multinacionales. Implica la operación de una red de empresas, que conforman un sistema que necesita ser producido, reproducido, mantenido y financiado. También hay un mayor volumen de movimiento de capital financiero lo cual ha sido posible por las redes de organización a gran escala y por las nuevas tecnologías de la información.
Entonces, se puede decir que los motores de este proceso son la dinámica de los mercados, las nuevas tecnologías que dan lugar a las redes globales de producción y la funcionalidad de los mercados financieros internacionales y el desarrollo de la comunicación que lleva de la sociedad industrial a la sociedad de conocimiento y la información y que deriva en factores de producción decisivos: las informaciones y el know how.
Hay que señalar que si para unos ha supuesto una época de prosperidad por la integración y la liberalización de los mercados, que han dado lugar a procesos de acuerdos como TTIP, con el objetivo de relanzar el intercambio de bienes y servicios e inversiones entre EEUU y la UE. Para otros, ha supuesto un periodo de incertidumbre e inestabilidad económica, dando lugar en ocasiones a desigualdades sociales y a altos índices de pobreza. Se bien la pobreza se ha reducido en términos absolutos, la desigualdad ha aumentado y su manifestación es latente en la brecha entre países desarrollados y países en vías de desarrollo. Los fenómenos financieros derivan en la discusión sobre los límites en los procesos que tienen los estados, dando lugar a pérdidas de control sobre ellos. Tanto es así, que las corporaciones y multinacionales han tomado un papel protagónico en la producción y comercialización mundial de bienes y servicios e innovación y tecnologías. Esto da lugar a que existan compañías cuyas ventas superan el PIB de muchos países, produciéndose por ello un dominio sobre las economías nacionales e internacionales de un grupo reducido de compañías. De las 100 economías más importantes del mundo, más de la mitad no son estados , sino compañías transnacionales.
La exigencia de una necesidad de gobernanza global que regule los fenómenos y evite los problemas que causa el mercado sin un control suficiente, es clara. El escollo se centra en la inexistencia de las estructuras institucionales necesarias para el nuevo nivel de globalización económica.
Entonces el reto es pues, construir una gobernanza económica global, efectiva y legítima. En algunos casos habría que integrar las políticas nacionales en acuerdos supranacionales para evitar males públicos globales, y en otros casos habrá que coordinar las políticas para internalizar las externalidades negativas de las políticas nacionales, y en otros será necesaria la cooperación para mejorar el mecanismo de toma de decisiones. La gobernanza global es difícil porque exige adoptar políticas económicas nacionales a las necesidades del sistema y con ello, pérdida de soberanía. Por lo que se tiene que entender como un procedimiento basado en la negociación permanente y el respeto a la ley y no como un gobierno global  del que estamos lejos.
Hay que tener en cuenta que la gobernanza puede contener legitimidad o no y una mayor o menor transparencia. Aun así, la comunidad internacional ha intentado establecer mecanismos institucionales que emanen de negociaciones intergubernamentales y que aspiren a la legitimidad.
Ya antes de la crisis financiera de 2008, se vislumbraba la necesidad de potenciar las reglas económicas globales, para coordinar las interacciones entre economías nacionales reguladas con regulaciones esencialmente nacionales. El marco del G-20 va a ser un ejemplo de iniciativas de cooperación en el contexto de la crisis, que defenderá  que una crisis global, exige una solución global, aunque desde 2010 con la sensación de riesgo más difuminada, los esfuerzos se desvanecen frente a mas intereses nacionales y la resistencia a ceder soberanía para mejorar la regulación económica.
En la actualidad el sistema económico internacional está en transición: con el auge de las potencias emergentes y el declive relativo de occidente; la creciente interdependencia y los nuevos equilibrios de poder demandan un marco de gobernanza económica global. Los mercados dependen de un marco institucional y es aquí donde la política puede actuar.
La mejora de la gobernanza económica sigue siendo una asignatura pendiente. Mientras los instrumentos de gobernanza permanezcan reducidos en los estados nacionales, mientras se limite la capacidad de estos y no se transfiera capacidad a instituciones globales. El gobierno de los mercados no debe ser entendido como fortalecimiento de los gobiernos, sino como un sistema mixto de gobernanza. Por otra parte, es utópico pensar que sea posible crear sistemas de gobernanza global democráticos y legítimos en todos los ámbitos. La clave está en donde y cuando es necesaria la gobernanza supranacional.
El mundo contemporáneo se integra y se diversifica simultáneamente a través del desarrollo tecnológico y los movimientos migratorios. Tanto es así, que el desafío es la integración cultural, alcanzar la unidad en la diversidad y organizar esta diversidad para ayudar a los pueblos a convivir mejor. Muestra de ello, es el conflicto latente con la crisis de los refugiados que se vive en las fronteras europeas y los pactos para contener los flujos migratorios firmados con Turquía. Si por una parte se siente el proteccionismo y los nacionalismos florecer con la proliferación de muros que no muestras más que la erosión de los estados-nación y la ambigüedad de una globalización económica y un aislamiento psicopolítico. Por otra parte, es clave la necesidad de una exigencia de la actuación de los derechos humanos, ahí donde la humanidad se impone como referente de la política internacional. El desafío de los derechos humanos es el descubrimiento de la humanidad más allá de la nación.
Ya en el “informe mundial del cultura y desarrollo” de 1997 se consideraba la necesidad de una cultura cívica global. El desarrollo de las nuevas tecnologías de la información están dando lugar a la socialización virtual y con ella a la importancia de las políticas de identidad como defenderá Vallespin, con procesos de libertad de elección que llevan al individuo a verse obligado constantemente a definir su identidad en función de diversos factores por un lado y a su vez, por otro lado a la organización de movimientos sociales que actúan como agentes de presión que alcanzan decisiones políticas y económicas; como expresión de las demandas auténticas y simbólicas de las sociedades, gracias en gran medida a las nuevas tecnologías y a los medios de comunicación masivos.El hecho de que la presión de los ciudadanos causa efecto, se muestra por ejemplo con la prohibición de las minas antipersona que se alcanzó en 1999.
Lo que es claro, es que los fenómenos sociales ya no pueden ser explicados desde los procesos internos de los estados nacionales, se han traspasado las fronteras, los tiempos y las dimensiones culturales. Es estado-nación, ya no es pues el contenedor de los procesos sociales. Surgen movimientos sociales a nivel global como los que llevan a cabo ONG como Greenpeace.
Sin embargo, hay que tener en cuenta limitaciones en cuanto a que:
  • Los flujos de bienes, personas e información no es igual en todos los países.
  • Que no todo el mundo puede disfrutar de los nuevos bienes y servicios, debido a los altos índices de pobreza existentes, lo que da lugar a la llamada brecha digital, que deja patente las desigualdades que origina la globalización. Y será un punto importante en los movimientos antiglobalización que trataran de aunar sensibilidades para luchar contra la tendencia de la desigualdad que nace de la globalización. La sociedad se ha vuelto más vigilante y presenta nuevas exigencias de trasparencia.
  • Y el surgimiento de la globalización.

 La forma en la que operan las sociedades está en contante cambio y clave del cambio es el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación. Lo que sí es claro, pues, es que la globalización da lugar a cambios constantes a una sociedad de la información a las Tic’s, la internacionalización de los problemas y gran cantidad de demandas ciudadanas por parte de una sociedad civil que exige la construcción de una sociedad-mundo. Y en este contexto, la defensa de las llamados bienes públicos globales, como será el caso del cambio climático, proceso central de la globalización y que ve frutos positivos con el acuerdo histórico de la COP21 en 2015 en Paris, o en cuanto a la sanidad con las declaraciones de la OMS en 2014 y 2016 sobre las crisis del ébola y el zika respectivamente, tratándolas de crisis sanitarias globales y emergencias globales.
Podría concluirse, después de lo expuesto y de las grandes interrelaciones que presentan las implicaciones y los fenómenos existentes, que han de repensarse los conceptos de democracia, humanismo y justicia en un nuevo contexto en el que se pase de la soberanía a la responsabilidad, como bien defiende Daniel Innerarity. Pasar de la soberanía como control a la soberanía como responsabilidad.
El reto se encuentra, pues, en avanzar de una globalización despolitizada, impulsada por procesos ingobernables o con autoridades no justificadas a un sentido común al descubrimiento político de que el interés particular esta en relación con los de los otros y de la lógica que la vincula.

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