sábado, 24 de enero de 2015

Globalización, neoliberalismo y medio ambiente







La expansión irrestricta de la explotación de los recursos planetarios nos pone frente al hecho de la insostenibilidad del sistema económico mundial. La crisis ecológica obliga la demanda de un gobierno internacional.

Antes de llegar a esta situación de conciencia de los costes humanos de la globalización económica y el aumento actual de la pobreza, ya era conocido que el capitalismo tardoindustrial y el expolio y consumo que este produce eran incompatibles con los límites ecológicos del planeta. Hoy estamos más allá de los límites. Pero, sin embargo, la conciencia ecológica global y el ámbito político no tienen el peso deseable. La sostenibilidad, ha de ser un punto a tratar en la política de los movimientos de resistencia global o de los movimientos por la justicia global. Ya que la lucha por la sostenibilidad global y local es esencial en la lucha contra la pobreza y por la justica, tanto intrageneracionales (generación actual) como intergeneracionales (generaciones futuras).

La interrelación de todo lo vivo lleva a hacerse la pregunta por el tratamiento que debemos a lo humano.

Desde la aparición del Informe Brundtland se define sostenibilidad como: “un objetivo planetario ligado a una finalidad: la preservación de la vida humana sobre la tierra.” Se introduce una nueva dimensión de justicia que ha de contar con el tiempo. Y aparece en la opinión pública la “Humanidad” con una identidad común: una especie que al poner en peligro su hábitat está a punto de arruinar su perspectiva de supervivencia (frente a las divisiones de la sociedad, en este punto se encuentra un camino común). La idea es pensar globalmente y actuar localmente. En el debate actual sobre la globalización no se puede soslayar el argumento ecológico.

Los ecoconflictos se suceden día a día, pero los mecanismos para enfrentarlos o no existen o están desactivados. Nadie quiere edificar un orden político ecológico internacional. Contabilizar la pobreza y el deterioro ambiental no está en los planes. La ética clásica ha tenido que incluir a las generaciones futuras, discutir la posibilidad de expandir el círculo de la moral a otros seres y entidades, estimar las consecuencias y volver a pensar la idea de responsabilidad para abordar relaciones asimétricas y desiguales en las que pesan más los deberes y obligaciones que los derechos. El énfasis liberal en la propiedad y en la libertad irrestricta del individuo y sus preferencias se topa con el énfasis en la responsabilidad, los deberes y el cuidado de la naturaleza.

La teoría política por su parte también se conmueve. Se habla ya de democracia global, de gobierno internacional… Por otra parte, aparece la democracia verde. Se empieza a hablar de esfuerzos por construir una noción de ciudadanía que a la vez sea ecologista y mundial.

¿Puede el neoliberalismo ser compatible con la demanda de una sostenibilidad? Este concepto surge como mediador de aquellos que defienden un crecimiento económico irrestricto y aquellos que defiende un no crecimiento.

Una de las preguntas a responder es cómo puede un modelo económico que se basa en la innovación tecnológica ilimitada y en la búsqueda del beneficio ser compatible con constricciones ecológicas. La necesidad de un ideal de sostenibilidad impuesto por la detección de los “límites del crecimiento” y la profecía de la catástrofe ecológica echa por tierra la idea de un progreso indefinido. La solución podría estar en una economía estacionaria. En el Informe Bruntland hacían la siguiente definición “satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. El desarrollo sostenible lo que busca es un moderado crecimiento continuado que nos aleje de la catástrofe.

Por una parte unos defienden que la sostenibilidad no podría dar respuesta a las demandas de la población incrementada, ni a las demandas de unos consumidores que no desean revisar sus “necesidades”. Por otra parte se encuentra la posición que abarca la cuestión de que lo sostenido sería el modo de vida occidental frente a la explotación del resto del mundo.

La economía de libre mercado y la democracia liberal tienen muchos problemas a la hora de incorporar con seriedad una agenda medioambiental que no sea mera retórica bienpensante. El caso es que el mercado capitalista muestra una inadecuación estructural para poder valorar correctamente los costes del futuro. El mercado tiene el mismo reto  que la sostenibilidad le planteaba a la ética y a la política: contar con el futuro. El problema es que el neoliberalismo desoye la realidad del sobrepasamiento ecológico local y global y mantiene la economía “libre” como dogma intocable.

Hay que contar, pues, el combate de la Humanidad con la naturaleza y la maltrecha situación del contrato social humano (fractura Norte/Sur). Lo que se necesita es conocer y abarcar los problemas concretos frente a las abstracciones Humanidad/naturaleza. Los enfoques neoliberales no pueden casar con una demanda fuerte de justicia. El sistema económico mundial necesita un control para minimizar los efectos del libre mercado. El problema es quién puede llevar a cabo esto. Se necesita un orden internacional justo y con sensibilidad ecológica que tome decisiones para generar las mejoras políticas desde principios de sostenibilidad fuerte que eviten peligros irreversibles. Pero para que esto se diera sería necesaria una democracia y ciudadanía global que hoy en día está difusa. La solución que se presenta es la de fortalecer una opinión pública mundial ecologista.

Hay que reparar en las desigualdades de todo tipo. No se puede dar un paso al siguiente nivel sin solucionar las atroces desigualdades ya existentes entre los humanos. Es, también, necesario que la población actual comprenda que existe el imperativo de que siga existiendo futuro para los seres humanos y vida sobre la tierra. Se impone la importancia de la dimensión tiempo en las consideraciones ética, política y económica. El principio ha de ser no condicionar gravemente las opciones y posibilidades vitales de las generaciones futuras, o legarles problemas irresolubles. Se tiene que tener en cuenta también la biodiversidad, el planeta no es solamente nuestra morada. Hemos de prestar relevancia moral a los demás seres del planeta.

El asunto de si le atribuimos valor a la naturaleza y a sus seres, así como a nosotros, nos enfrenta a precisar la desprestigiada idea del bien actual. Asignar un valor a la naturaleza que contrarreste el imperio neoliberal del valor de cambio es otra de las tareas pendientes del pensamiento ecologista.

La conclusión que nace es que un mundo mejor es posible, pero todos hemos de trabajar por igual para que el cambio de rumbo se produzca (ni unos más, ni unos menos). Este cambio de rumbo debe nacer de la educación que ha de ser gozada por todos de la misma manera, sin dobles caras. Y es de esta manera, como se obtendrá una población que sepa valorar lo que el planeta puede ofrecerle y lo que pierde cuando no cuida lo que le rodea. El problema surge en la sociedad que se deja llevar sin realizar juicio alguno, en la cultura que quieren implantar a través del neoliberalismo y en las políticas que hablan mucho y no hacen nada. Y es por esto por lo que la educación es la clave para la solución: para que los que ya gozan de ella puedan tener un criterio personal y objetivo, y para los que no gozan aún de ella la tengan, ya que estudiar debería ser un derecho y no un privilegio. El camino a recorrer es, pues, largo y arduo, pero no por ello imposible. Está en nuestras manos que no dependa del ser humano el final de nuestra existencia y de todo aquello que nos rodea.

jueves, 15 de enero de 2015

Transmisiones de la verdad: el difícil sueño de la comunicación.




 En este momento en el que los impactos de información que recibimos son constantes y de un volumen tan inmenso que nos es imposible abarcar es difícil no preguntarse, no dudar… no pensar en intereses políticos, mercantiles, que puedan estar detrás de aquello que escuchamos, leemos como verdades absolutas. El tema tratado en la película “Buenas noches y buena suerte” se encuentra incrustado en el recorrido histórico del periodismo o de los medios de comunicación en general, y es la difícil tarea de comunicar información en un mundo plagado de interferencias. El periodismo, los medios de comunicación, ostentan en sus manos una importantísima labor, que es la de informar de aquello que ocurre, que tiene lugar en los diferentes ámbitos que atañen a los conformantes de una sociedad.

Y es precisamente por este motivo por el que son portadores, casi sin que se note en un primer vistazo, de un gran arma. Un arma que es lanzada y que impacta en la sociedad. Depende, entonces, de quién utiliza ese arma, el que sea un maravilloso instrumento beneficioso para el ser humano, para la humanidad; o que por el contrario se convierta en un arma de destrucción masiva. Y este punto, es uno de los temas sobre los que se sustenta esta película, además de un problema que se encuentra en vigencia hoy día con más fuerza de la que se daba en las épocas en las que se ambienta la película (de hecho, el propio presentador del programa llega a esbozar esta idea en varias ocasiones). El poder que tienen los medios de comunicación sobre lo que hacen o lo que piensan esos ciudadanos es inmenso: puede beneficiar con una información válida, objetiva y contrastada, transparente, o dañar con falsos testimonios, frivolidad y banalidad. Teniendo en cuenta todo esto queda patente lo valioso de su trabajo y, por tanto, de lo que ellos ofrecen (tanto por la honestidad que sería justo requerir para desempeñar esta labor como, en el polo opuesto, por la manipulación que se puede conseguir llevando a cabo un uso adulterado de la información).

 “A principio de los años ochenta, la Unesco patrocinó un proyecto, nacido de la certeza de que la información no es una simple mercancía, sino un derecho social, y que la comunicación tiene la responsabilidad de la función educativa que ejerce. En ese marco, se planteó la posibilidad de crear una nueva agencia internacional de noticias, para informar con independencia, y sin ningún tipo de presión, desde los países que padecen la indiferencia de las fábricas de información y de opinión. Aunque el proyecto fue formulado en términos más bien ambiguos y muy cuidados, el gobierno norteamericano tronó de furia ante este atentado contra la libertad de expresión. ¿Por qué tenía que meterse la Unesco en los asuntos que pertenecen a las fuerzas vivas del mercado? Los Estados Unidos se fueron de la Unesco dando un portazo, y también se marchó Gran Bretaña, que suele actuar como si fuera colonia de la que fue su colonia. Entonces, se archivó la posibilidad de una información internacional desvinculada del poder político y del interés mercantil” (“Patas arriba. La escuela del mundo al revés”, Eduardo Galeano).

El problema de raíz que se encuentra en los medios de comunicación, como se puede ver en la película, es que no existe una gran libertad a la hora de comunicar, ni ahora, ni en épocas anteriores, al estar intermediado por intereses alejados del periodismo. Se convirtieron en un medio de manipulación social trabajando al servicio del más alto postor. Lo que debía ser un derecho, el derecho a la comunicación, al conocimiento de lo más objetivo posible de lo que ocurre en el mundo que nos rodea, se convierte, sin embargo, en esta red oscura de verdades y mentiras.

Aunque, por supuesto, dentro de esta vorágine pueden encontrarse periodistas con deseos de informar, de llevar a los otros aquello que ocurre y que debe ser expuesto, conocido, aún con todo lo bueno o malo que ese hecho traiga consigo. Aquí podemos situar las siguientes preguntas: ¿Es posible informar sin interpretar? ¿Cuál es la labor del periodista? Las respuestas se plantean difíciles después de los presupuestos con los que nos encontramos dentro del mundo de los medios de comunicación. Lo ideal sería, como no, la transparencia, que la información llegara al público sin manipulación, ni filtros. Sin embargo, si no fueran pocos los intereses de manipulación, hay que tener en cuenta también las circunstancias como persona que cuenta con unos ideales, con unas inclinaciones que le llevan (queriendo o sin querer) a informar de una manera determinada o de otra.

La importancia de todo esto reside en los resultados que tienen lugar. Esos resultados son acciones y pensamientos que, por tanto, tienen repercusión en la sociedad y con ello, en la propia historia. De ahí el poder de los medios de comunicación; ellos pueden influir en qué ocurrirá mañana y, también, intervienen en lo que ya ha ocurrido: los medios cuentan lo que ocurre y si no lo hacen, entonces, esos hechos que quedan ocultos pasan a ser inexistentes para aquellos que no cuentan  con esa información. Y esto cambia las acciones y pensamientos de los individuos y en consecuencia cambia la historia, de la misma manera que puede modificar los diferentes puntos de vista acerca de lo que ocurre o de lo que ocurrió. La historia la escriben los vencedores, y el poder siempre vence.


De modo que, sabiendo lo importante de ello, más importante es el cómo nos enfrentemos ante este problema: promoviendo la búsqueda de honestidad y el desarrollo moral. Y apostando, una vez más, por esa opinión crítica que solo puede otorgarnos la educación.

domingo, 4 de enero de 2015

La naturaleza de la bondad


Hay un perro pequeñito
Que te muerde el corazón;
Pero está tan, tan hambriento
Que le regalas tu yo.

Se burlan de ti, se burlan
Porque ofreces una flor
Y una sonrisa, creyendo
Que es la suprema razón.

Vas abriéndote camino
molinete, tu bastón;
Mas tu hélice, aeroplano,
Sólo rastrea el dolor.

El mundo es hosco y espeso,
Pero salta el corazón,
Se despega y toma vuelo
Como un motor de explosión.

Tonto genial, pobre diablo,
¿no eres tú la encarnación
Evidente y no creíble
De Dios con hongo y bastón?

Se burlan de ti, se burlan,
Y hay un tipo grandullón
Y una muchacha bonito.
Mil tropiezos: ¡y el amor!

Sólo una mueca, el calambre
Con que sacudes tu yo,
Te sirve para salvarte.
¡El resto es vida interior!

Y vas tirando paciencia
Curado de indignación,
Y extrañado de que dejen
Tomar, sin pagar, el sol.

           Gabriel Celaya.



Tras reflexionar sobre las diferentes teorías sobre la bondad que son tratadas por David Ross en “Lo correcto y lo bueno” es claro cuán difícil es la tarea de delimitar y definir la bondad. Este concepto es vulgarmente usado por todos casi todos los días, muchas de ellas sin darnos cuenta de todo lo que lleva implícito esta palabra (y como esta, muchas otras).

Podría parecer que la bondad es algo subjetivo, que depende de cada individuo, de lo que cada uno considere individualmente. Sería posible, pues, que lo que para uno es considerado como bueno sea considerado por otro como malo. Sin embargo, determinadas acciones son señaladas sin dudar por muchos como bondadosas. Se hablaría, entonces, de una teoría objetivista de la bondad, pero es difícil contar con unas reglas o cánones que se puedan seguir en todo momento cuando hablamos de la bondad.

Entonces, ¿dónde está la diferencia? Podría decirse que lo que hace que algo lleve adjunta la palabra bondad es el conjunto de un cúmulo de ingredientes: el sujeto con sus determinaciones, la situación, los sentimientos, etc. Por lo tanto, el hecho de que una persona califique algo como bueno y otra lo califique como malo no implica contradicción. No se puede tomar como referencia una teoría objetivista de la bondad, cada persona está influida por distintas circunstancias y se encuentra en distintas situaciones a la hora de realizar un juicio de valor. Sin embargo, se debe tener en consideración que la bondad es algo más objetivo que un sentimiento. Aunque, sin duda, podría decirse que siempre que llamamos bueno a algo lo acompaña un sentimiento de agrado a modo de asentimiento. Aun así, aquel que hace algo bueno, moralmente bueno, lo hace por deber, como diría Kant. Y lo hace con independencia del interés y del beneficio que esa acción pueda reportarle, ya que ¿qué sentido tendría hacer una acción buena con mala intención, con un interés negativo? En ese mismo momento el sujeto dejaría de ser moralmente bueno. Las acciones buenas son las que el sujeto quiere realizar sin pensar en el antes y en el después, simplemente teniendo consciencia que es lo que debe, que es lo correcto. Sin duda, a mi parecer, esta tarea es ardua y en principal motivo que la hace ser de esta manera es el sentimiento (tanto para lo malo como para lo bueno). A la hora de enfrentar un problema ético, de resolverlo, en la vida diaria la mayoría se deja guiar por diferentes sentimientos y no por el deber. Pero quizás en el deber también va implícito en sentimiento de justicia. Entonces, lo que sería necesario es el desarrollo de los valores a nivel individual en este mundo donde en muchos lugares han desdibujado la ética.

Lo que se puede concluir es que la bondad es un predicado de valor. Será el predicado de alguna cosa o de alguna acción. La bondad es, sin duda, intrínseca a las cosas buenas. Y es una propiedad intrínseca, como dice Ross, porque constituye la naturaleza intrínseca de aquello que lo posee, esto es algo no que puede decirse de la belleza o de lo correcto. Además, es algo que se encuentra antes de ser descubierto por una mente, por un individuo. Las cosas no comienzan a ser buenas cuando son conocidas. Por lo tanto, no creo que ser bueno sea equiparable a ser objeto de interés, la cosa es buena con independencia de que sea objeto de interés para alguien o no lo sea.

Pero, he de señalar, que en mi opinión que la intención de las acciones sea buena depende de los individuos, de los que los individuos hagan con esas acciones y de cómo lo hagan. Esto se debe a que son los individuos, las mentes las que dan forma a esas cosas y a esas acciones. Es el hombre el que utiliza las cosas buenas o malas para llevar a cabo acciones buenas o malas. Sin embargo, el rasgo a distinguir es la intención que se pone a la hora de llevar a cabo una acción, aquí es donde reside, en mi opinión, lo que más concierne a los hombres: cómo hacen lo que hacen.