jueves, 15 de enero de 2015

Transmisiones de la verdad: el difícil sueño de la comunicación.




 En este momento en el que los impactos de información que recibimos son constantes y de un volumen tan inmenso que nos es imposible abarcar es difícil no preguntarse, no dudar… no pensar en intereses políticos, mercantiles, que puedan estar detrás de aquello que escuchamos, leemos como verdades absolutas. El tema tratado en la película “Buenas noches y buena suerte” se encuentra incrustado en el recorrido histórico del periodismo o de los medios de comunicación en general, y es la difícil tarea de comunicar información en un mundo plagado de interferencias. El periodismo, los medios de comunicación, ostentan en sus manos una importantísima labor, que es la de informar de aquello que ocurre, que tiene lugar en los diferentes ámbitos que atañen a los conformantes de una sociedad.

Y es precisamente por este motivo por el que son portadores, casi sin que se note en un primer vistazo, de un gran arma. Un arma que es lanzada y que impacta en la sociedad. Depende, entonces, de quién utiliza ese arma, el que sea un maravilloso instrumento beneficioso para el ser humano, para la humanidad; o que por el contrario se convierta en un arma de destrucción masiva. Y este punto, es uno de los temas sobre los que se sustenta esta película, además de un problema que se encuentra en vigencia hoy día con más fuerza de la que se daba en las épocas en las que se ambienta la película (de hecho, el propio presentador del programa llega a esbozar esta idea en varias ocasiones). El poder que tienen los medios de comunicación sobre lo que hacen o lo que piensan esos ciudadanos es inmenso: puede beneficiar con una información válida, objetiva y contrastada, transparente, o dañar con falsos testimonios, frivolidad y banalidad. Teniendo en cuenta todo esto queda patente lo valioso de su trabajo y, por tanto, de lo que ellos ofrecen (tanto por la honestidad que sería justo requerir para desempeñar esta labor como, en el polo opuesto, por la manipulación que se puede conseguir llevando a cabo un uso adulterado de la información).

 “A principio de los años ochenta, la Unesco patrocinó un proyecto, nacido de la certeza de que la información no es una simple mercancía, sino un derecho social, y que la comunicación tiene la responsabilidad de la función educativa que ejerce. En ese marco, se planteó la posibilidad de crear una nueva agencia internacional de noticias, para informar con independencia, y sin ningún tipo de presión, desde los países que padecen la indiferencia de las fábricas de información y de opinión. Aunque el proyecto fue formulado en términos más bien ambiguos y muy cuidados, el gobierno norteamericano tronó de furia ante este atentado contra la libertad de expresión. ¿Por qué tenía que meterse la Unesco en los asuntos que pertenecen a las fuerzas vivas del mercado? Los Estados Unidos se fueron de la Unesco dando un portazo, y también se marchó Gran Bretaña, que suele actuar como si fuera colonia de la que fue su colonia. Entonces, se archivó la posibilidad de una información internacional desvinculada del poder político y del interés mercantil” (“Patas arriba. La escuela del mundo al revés”, Eduardo Galeano).

El problema de raíz que se encuentra en los medios de comunicación, como se puede ver en la película, es que no existe una gran libertad a la hora de comunicar, ni ahora, ni en épocas anteriores, al estar intermediado por intereses alejados del periodismo. Se convirtieron en un medio de manipulación social trabajando al servicio del más alto postor. Lo que debía ser un derecho, el derecho a la comunicación, al conocimiento de lo más objetivo posible de lo que ocurre en el mundo que nos rodea, se convierte, sin embargo, en esta red oscura de verdades y mentiras.

Aunque, por supuesto, dentro de esta vorágine pueden encontrarse periodistas con deseos de informar, de llevar a los otros aquello que ocurre y que debe ser expuesto, conocido, aún con todo lo bueno o malo que ese hecho traiga consigo. Aquí podemos situar las siguientes preguntas: ¿Es posible informar sin interpretar? ¿Cuál es la labor del periodista? Las respuestas se plantean difíciles después de los presupuestos con los que nos encontramos dentro del mundo de los medios de comunicación. Lo ideal sería, como no, la transparencia, que la información llegara al público sin manipulación, ni filtros. Sin embargo, si no fueran pocos los intereses de manipulación, hay que tener en cuenta también las circunstancias como persona que cuenta con unos ideales, con unas inclinaciones que le llevan (queriendo o sin querer) a informar de una manera determinada o de otra.

La importancia de todo esto reside en los resultados que tienen lugar. Esos resultados son acciones y pensamientos que, por tanto, tienen repercusión en la sociedad y con ello, en la propia historia. De ahí el poder de los medios de comunicación; ellos pueden influir en qué ocurrirá mañana y, también, intervienen en lo que ya ha ocurrido: los medios cuentan lo que ocurre y si no lo hacen, entonces, esos hechos que quedan ocultos pasan a ser inexistentes para aquellos que no cuentan  con esa información. Y esto cambia las acciones y pensamientos de los individuos y en consecuencia cambia la historia, de la misma manera que puede modificar los diferentes puntos de vista acerca de lo que ocurre o de lo que ocurrió. La historia la escriben los vencedores, y el poder siempre vence.


De modo que, sabiendo lo importante de ello, más importante es el cómo nos enfrentemos ante este problema: promoviendo la búsqueda de honestidad y el desarrollo moral. Y apostando, una vez más, por esa opinión crítica que solo puede otorgarnos la educación.

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