“Lo que nosotros
negamos no carece de valor ni de importancia. Más bien a eso se debe que la
negación sea necesaria. Hay una razón que no aceptaremos. Hay una apariencia de
sabiduría que nos horroriza. Hay una petición de acuerdo y conciliación que no
escucharemos. Se ha producido una ruptura. Hemos sido reducidos a esa franqueza
que no tolera la complicidad.”
Maurice Blanchot
Tratando el texto de Walter Benjamin "La obra de arte en la época de la reproductividad técnica"encontramos una llamada de atención acerca de los fenómenos sociales que se despertaban en la época en
relación con la cultura de masas (que atraviesa la obra del autor) y una relación con la estética y la política.
Muchos serán los que nombren a Benjamin, con acierto, como “el avisador del fuego”.
El vuelco
dentro de la reproducción técnica vendrá de la mano de la fotografía, con la que se produce un importante cambio: en el
ejercicio artístico la mano deja paso al ojo, que pasa a ser el productor del
proceso de reproducción plástica, igualándose así con la palabra hablada. Sobre
1900 el alcance de la reproducción técnica era enorme, abarcando la totalidad
de las obras de arte heredadas, con lo que su función era significativamente
modificada. Se aprecia ya el germen de un cambio en la concepción sobre
qué sea arte.
Toda reproducción (hasta la mejor
acabada) carece de algo: “el aquí y
ahora de la obra de arte, su existencia
irrepetible en el lugar en que se encuentra”. Se trata pues de una
existencia singular de la obra de arte, que se pierde con la reproducción
técnica inevitablemente. En esa singularidad brotó la historia de esa obra de arte en el transcurso de su perduración. El aquí y
el ahora de la obra de arte, del original, constituyen el concepto de su autenticidad. En la
reproducción se le escapa al hombre el origen y, a su vez, se quiebra la
testificación histórica (su autoridad).
Este proceso de devaluación del aura se muestra como reverso de la crisis, apuntando su vinculación con los
movimientos de masas, con la creciente importancia de las masas en la vida moderna.
Ese acercar las cosas (espacial y humanamente) es una aspiración de las masas
al igual que ese escapar de su singularidad a través de la reproducción. Lo que se
produce en este proceso, es una devaluación moral que tiene como
consecuencia un cambio de percepción sensorial. Y es que, esta devaluación
moral, al fraguarse en la sociedad se refleja en aquello que el hombre produce,
en el qué y en el cómo el hombre vierte o recibe algo del mundo. Este
significativo cambio de percepción, como no puede ser de otro modo debido a su
naturaleza, tiene como resultado una ruptura con la tradición, una devaluación
del aura y un cambio en cuanto a la concepción del arte. Y este cambio social
va a estar irremediablemente vinculado al fascismo, al proceso social en desarrollo.
Lo que se está señalando es de qué forma se pasa de una
contemplación individual de la obra de arte a la contemplación masiva.
Esta contemplación masiva que acrecienta la distracción; cosa que será
utilizada por el fascismo en el proceso de estetización de la política. Lo que
podría llegar a “democratizar” el arte, posibilitando el acceso a la cultura de
una forma más fácil, tiene otra cara de la moneda: también puede guiarnos a un
fascismo donde la masa sea idéntica gracias a la reproducción y donde el valor
artístico se encuentre en manos del poder establecido. La técnica dirige la
comunicación hasta la masa y pasa a ser un instrumento de control de las clases
dominantes sobre esta masa controlada, mermada. La experiencia cambia, ya que
pasa a ser una experiencia tecnológica. Entonces la conciencia de la masa está
basada en una realidad construida, modificada. Tiene
lugar, pues, un cambio en la experiencia estética y la tradición desde la
aparición de la fotografía como arte de masas. Benjamin
va a nombrar a la fotografía y al cine como aquellas que proporcionan las muestras
de esta ruptura.
En el cine el valor cultural queda eliminado, se crean copias
preparadas para la reproductibilidad. El mecanismo interviene en la
realidad manipulándola, recortando y construyendo una película. El
cine es creado y recibido en pro de la comunicación masiva. Esto es una muestra de la devaluación elevada a límites insospechados
por parte del cine, como el mismo Benjamin apunta (su tesis se ha confirmado y
agravado). Termina siendo prueba palpable de que la mercantilización del arte
no es sino un símbolo de un profundo cambio o ruptura en los valores de una
sociedad que mercantiliza también con sus valores o que flota en esa fluida
apreciación de los valores donde los límites se desdibujan.
La evolución de la fotografía, el cine, dará lugar a
problemas profundos. El cine degenera completamente el valor
exhibitivo dejando fuera totalmente el valor cultural. Y al seguir
usando el término arte, sin tener en cuenta ningún tipo de modificación del
mismo, se está produciendo una devaluación del significado de arte, una ruptura
con su historia. O, quizás, el término arte se ha transformado junto con los
cambios sociales y ha pasado a ser otra cosa. Sin embargo, en este caso mi
pregunta es: ¿es arte aquello que es mercancía? o, ¿pasa a ser otra cosa? ¿Se ha mercantilizado incluso el
término arte? Sin duda, lo que está claro es la lucha y el esfuerzo por estar
incluido en el arte y, por tanto, el valor que sigue teniendo a pesar
de estos cambios y devaluaciones.
Entonces,
¿hemos de señalar también una ruptura del término valor al igual que lo
señalamos con la obra de arte? Esto es sin duda usado por el poder. El culto, el ritual ha sido suplantado por un
algo material, que se puede tasar, copiar y moldear al gusto del mejor postor.
Ahora la obra pasa a ser un producto de consumo. Donde el arte es valioso en
tanto en cuanto es valioso en términos del consumo del mismo.
Lo que se desvela es una estetización de la política que señala una profunda devaluación de la sociedad, de la cultura.
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