miércoles, 5 de agosto de 2015

El último Foucault (1976): biopolítica y neoliberalismo (III)

 

 La conexión entre la subjetividad moderna (la construcción de la individualidad) y el consumo y los mecanismos de poder es obvia. Tienen lugar, por tanto, mecanismos de control y mecanismos de subjetivación para la producción de subjetividad. Nada queda fuera del mecanismo económico; todo está atravesado por este y deriva en mercancía. El capitalismo produce subjetividades como mercancías y convierte a los individuos en productores. Luego la vida está dispuesta en torno al consumo. El discurso de las libertades, por tanto, queda en el aire al identificar ese mecanismo mediante el cual los individuos se disponen en torno al consumo en toda la extensión de acciones. Se legitima en todo momento un estilo de vida basado en las libertades de los individuos en cuanto a las elecciones, oportunidades y diversidades. Pero, muy al contrario, lo que se ofrece es una ficticia libertad dentro de un marco completamente atravesado por los mecanismos del mercado, del consumo. Entonces, la verdadera y única posibilidad es el consumo. 

La sociedad del espectáculo de Guy Debord, en relación con esto, muestra bien ese sujeto moderno uniformado, pero a la vez profundamente atomizado. Junto con ese control mediante el aislamiento del sujeto, se produce una integración a través de la producción y el consumo. Hay, por tanto, un mecanismo de normalización regido por el consumo que lo subsume todo. Se produce una decadencia de la experiencia, ya que los sujetos pasan a ser meros espectadores. Esa pasividad es inherente a una estructura económica precisa. Según Foucault, este es el resultado del poder biopolítico sobre la sociedad moderna. Es decir, que los mecanismos de control buscan deliberadamente esa estructuración de las relaciones y comportamientos sociales para potenciar el éxito del funcionamiento de los mecanismos de consumo. De esta forma es más efectiva la regulación y normalización de la vida, de los individuos como masa.

Lo que se entiende por espectáculo es que la visión de la sociedad es pasiva, impotente, sin margen para la crítica. Hay una cosificación de la realidad que la convierte en hechos inalcanzables que no se puede transformar cuando lo que hay son relaciones sociales históricas (relaciones de personas). El término espectáculo es una realidad histórica que convierte a los sujetos en espectadores impotentes de lo que hay, que parece no tener alternativas. Por eso la idea de espectáculo confluye con el déficit de experiencia (el hecho de que ya no vivimos). La idea de una vida que no deja huella, que no construye a los individuos. Debord pone de manifiesto que lo que se hurta a los seres humanos es la vida. El espectáculo es entonces, lo opuesto a la vida porque es un modo de vida o de no vida. El espectáculo como eso que nos ofrece una construcción falaz de la vida.

Debord denuncia un mundo en el que se nos dice que somos libres, que podemos decidir. Cuando en realidad de que se concede es una libertad insignificante, una supuesta libertad, que no sirve para nada. La libertad de los hombres se convierte en algo así como libertad de consumo. Y esta visión espectacular penetra en todos los rincones de la existencia humana. Es una existencia, pues, alienada. Primero se produce para consumir y después se consume. No hay resquicios para lo individual, para lo privado. El consumo cada vez penetra más profundo. Hay una racionalidad de la eficacia entendida como tiempo de consumo en el que incluso el ocio forma parte. El tiempo no nos pertenece.

En este mundo toda alternativa es descalificada. Se produce una especie de totalitarismo. La comunicación es unilateral, en tanto en cuanto se reciben mensajes que no esperan respuesta alguna, ni mucho menos retroalimentación crítica. Por ello, la crítica no tiene espacio, solo esa crítica que no es efectiva y pasa a servir de coartada.

En este contexto la identidad del sujeto pasa a estar supuestamente en manos del propio sujeto. Los individuos se enfrentan a una especie de obligación de autodeterminarse enmascarada como libertad. Lo que parece una posibilidad se convierte en una obligación. A su vez, en esta situación al hacerse a sí mismo, el éxito o el  fracaso recae bajo la responsabilidad del propio individuo.


“El mundo solo pudo proclamarse oficialmente unificado porque previamente se había producido esta fusión en la realidad económico-política  a escala mundial. Y, asimismo, si el mundo tenía necesidad de reunificarse rápidamente, ello se debía  a la gravedad que presentaba un poder separado en la situación universal a la que hemos llegado; el mundo necesitaba participar como un solo bloque en la misma organización consensual del mercado mundial, espectacularmente falsificado y garantizado.” (La sociedad del espectáculo, Guy Debord)


En este punto es interesante la posición de Hardt y Negri. En la sociedad de control, las dinámicas establecidas por las relaciones de poder son interiorizadas por los propios individuos. Entonces, se produce una especie de generalización del resultado del proceso disciplinario. La población se encuentra, pues, completamente introducida en la lógica de la administración de la vida. Y esto tiene lugar de manera voluntaria, por lo que no hace más que reforzar ese estado. La situación es paradójica puesto que el poder se extiende a lo largo de la sociedad a través de supuestas libertades. El resultado es una difícil posibilidad de resistencia frente a un mundo presentado como el único posible y que, además, ha sido construido por los propios individuos en cuanto que libres de elegir. De esto se entiende, que la propia subsistencia del capitalismo reside en la integración completa de los individuos bajo un control tanto de los cuerpos como de las conciencias. El sujeto por completo, su existencia, se encuentra dominado. De esta forma, se autoreproduce en tanto en cuanto los propios individuos trabajan potenciando su desarrollo.

Y muy en relación con esto, está a crítica que realiza Marcuse a la sociedad moderna. Marcuse presenta al sujeto como víctima de una dominación a través de un estado de bienestar, que realiza supuestas mejoras (insignificantes) en la vida de los individuos, pero que le son suficientes. Lo que sucede es que los individuos quedan subsumidos y sus necesidades pasan a ser ficticias, creadas en beneficio del mercado. El hombre unidimensional se encuentra satisfecho. Además, no existen alternativas de vida, ya que aquello que se presentaba como oposición es anulado, en tanto que es incorporado a la sociedad y orientado hacia una rentabilidad de la misma. Entonces, la crítica no es ya peligrosa; incluso sirve para engrasar el sistema. Al encontrarse tan introyectada esa visión la crítica no llega a ser eficaz y, por ello, es permitida. La libertad se torna también ficticia cuando las alternativas dentro del status quo no son tales porque se encuentran sometidas al mercado.


“la belleza revela su terror conforme las altamente clasificadas plantas nucleares y laboratorios se convierten en <parques industriales> con agradables alrededores; los Cuarteles de Defensa Civil exhiben un <refugio de lujo contra la radiactividad> con alfombras <suaves> de pared a pared, sillones, televisión y cuarto de diversión, <diseñado como un salón familiar combinado durante el tiempo de paz (¡sic!) y refugio familiar contra la radiactividad si estallara la guerra>. Si el horror de tales realizaciones no penetra en la conciencia, si realmente se da por sentado, es porque estas realizaciones son: a) perfectamente racionales en términos del orden existente, b) signos de la ingenuidad humana y del poder más allá de los límites tradicionales de la imaginación.” (Marcuse, H., El hombre unidimensional)



La intención de Foucault en este contexto, es de alertar sobre los peligros de los mecanismos de poder occidentales. Podría entenderse como una especie de tarea ética en tanto en cuanto Foucault llama la atención sobre un poder que somete la existencia de los individuos a la vida biológica; sobre una racionalidad que procura la apropiación de la vida.

martes, 4 de agosto de 2015

El último Foucault (1976): biopolítica y neoliberalismo (II)



Foucault va a tratar la transformación del liberalismo hacia el neoliberalismo del que somos contemporáneos que tiene lugar en el siglo XX, focalizándose tras la Segunda Guerra Mundial, en Alemania, Estados Unidos y Francia. Lo que trata de hacer Foucault es rastrear la naturaleza de la estatalidad europea. Se va a definir el neoliberalismo alemán como: la reactivación de viejas teorías económicas, el elemento por el que se establecen relaciones mercantiles en la sociedad y la cobertura para una intervención administrativa del Estado. En el siglo XX el objetivo de los ordoliberales  es fundar la legitimidad de un Estado a partir de la libertad de mercado y sobre la vigilancia del mismo. Se adopta un modelo influenciado por la Escuela de Friburgo, donde se rechaza el intervencionismo en pro de una liberalización del proceso económico. La legitimidad del Estado se sustenta en tanto que respeta la libertad de mercado y este no encuentra obstáculos institucionales en su lógica. Su problema consiste en cómo ordenar el ejercicio global del poder político a lo establecido por una economía de mercado.

En este contexto Foucault señala que antes de que los nazis tomaran el poder existían impedimentos contra una política liberal. Y este tipo de discurso sería heredado por los neoliberales alemanes, haciendo una lectura del neoliberalismo a través del nacionalsocialismo. Los ordoliberales pondrían la fuerza en defender que el nazismo es una invariante antiliberal, con su propia lógica y necesidad interna; es el crecimiento desmesurado de un poder estatal. Es decir, es el resultado de políticas intervencionistas y de esa excesiva acción del Estado. En todo caso no van a presentar el nazismo como procedente de una situación de tremenda crisis, que se dirige a una economía y una política incapaces de superar sus contradicciones y, por lo cual, incapacitado para servir en el análisis de la historia del capitalismo Europeo. De esta forma, lo que se pretende es llamar a alerta sobre los peligros de la invariante antiliberal. Aquí va a señalar Foucault, al contrario, que el nacionalsocialismo alemán presenta claramente una debilitación del Estado. Se produce una destrucción del estado, una reducción a mero instrumento de la población, del Fuhrer, del partido. El nacionalsocialismo no es el Estado reforzado, sino desfondado de lo que hay en su interior; desformalización del Estado, de su forma jurídica. El Estado alemán pierde su figura de persona jurídica, careciendo incluso de personalidad política. Lo importante es el movimiento, mientras que el Estado es una mera cristalización transitoria.

El capitalismo desemboca en masas. En la sociedad capitalista los individuos son extraídos de su comunidad natural y pasan a formar parte de una forma anónima, la masa. El capitalismo, para W. Sombart (que el propio Foucault cita en sus textos), priva a los individuos de comunicación entre ellos si no funciona de intermediario el aparato administrativo. Los individuos pasan, pues, a ser átomos sometidos a una autoridad que deben llevar a cabo un consumo masivo cuya finalidad no es más que la uniformación y normalización de los mismos. El capitalismo condena a los individuos a una sociedad del espectáculo. El nazismo hizo suyo ese discurso en el que la economía y el Estado capitalistas habían destruido a la sociedad. Sin embargo, los neoliberales con su discurso del nazismo como resultado un crecimiento desbocado de la estatalidad defenderán que lo que hacen los nazis, en consecuencia con ese crecimiento, es acentuar aún más esa sociedad de masas, uniformadora, normalizadora, del espectáculo. Entonces, para ellos, los fenómenos masivos están ligados al antiliberalismo, a la racionalidad misma del Estado, y no a la economía de mercado. Los fallos deben de ser imputados al Estado. La economía carece de responsabilidad alguna. Y, con ello, defienden la defensa de una libertad de mercado como reguladora del Estado. Por lo tanto, lo que se buscaba era un Estado que no interviniera en el mercado, pero si en la necesidad de propiedad individual para la producción. Entonces, bajo la raíz última de que el nacionalsocialismo es una perversión de la democracia y el Estado, se presenta un orden que busca generar condiciones para elegir instancias autoreguladas (para que los individuos elijan, no con instancias disciplinarias). La estrategia de la autoregulación lleva a superar las categorías de orden disciplinario. No es la lógica de la esclavización masiva, es algo diferente.

En el siglo XVIII, para los liberales lo esencial del mercado está en el intercambio (dejar hacer, dejar pasar). En cambio, para lo neoliberales está en la competencia. Esto conduce a la desigualdad; no existe un juego natural entre individuos como en el modelo liberal. Las condiciones para que se produzca la competencia deben ser, por tanto, artificialmente establecidas. Se deben generar las condiciones para la adecuada competencia. Los neoliberales realizaron transformaciones en el liberalismo clásico. La teoría de la competencia produce la desvinculación entre la economía de mercado y las políticas del laissez-faire.


“Una política social no puede fijarse la igualdad como objetivo. Al contrario, debe dejar actuar la desigualdad y, como decía… ya no sé quién, creo que Ropke: la gente se queja de la desigualdad, pero ¿qué quiere decir eso? “La desigualdad-dice- es la misma para todos”.” (Nacimiento de la biopolítica, Clase del 14 de Febrero de 1979, M. Foucault)


Entonces, este nuevo estilo gubernamental defiende: en primer lugar, una legislación antimonopolística; en segundo lugar, acciones reguladoras en cuanto a los precios y la inflación; en tercer lugar, acciones ordenadoras que marcan un contexto de existencia del mercado para la sociedad; y en último lugar, una política social que no se basa en un reparto equitativo sino en  un crecimiento económico en pro de una mayor capitalización para dar lugar a una política social privatizada. Los ordoliberales defenderán una desigualdad necesaria para establecer una regulación económica y una privatización, una “política social individual”. Una individualización por la política social y no una colectivización y socialización. La política social no debe ser entendida como algo que alivie la política económica. En cambio, son los individuos los que deben tener los ingresos suficientes para llevar a cabo la capitalización individual.


“… a ojos de los neoliberales, cuyo problema no pasa por saber si hay cosas que no pueden tocarse y otras que es legítimo tocar. El problema es saber cómo tocarlas. Se trata del problema de la manera de actuar o, si les parece, del estilo gubernamental.” (Nacimiento de la biopolítica, Clase del 14 de Febrero de 1979, M. Foucault)


En este contexto hay que tener en cuenta que el gobierno no tiene que intervenir sobre los efectos del mercado en la sociedad, no desarrollar planes económicos. Al contrario, debe intervenir en la sociedad con la intención de que los mercados puedan actuar de reguladores. Es decir, su función es definir el contexto en el que se desarrolla el mercado, marcar límites a la intervención estatal y dejar la regulación social a cargo del mercado.

La sociedad que se persigue no es ya una sociedad sometida al afecto de la mercancía, sino una sociedad de empresa. Lo que se da es un programa de racionalización económica. Lo que se busca es obtener una trama social formada por unidades básicas que presenten la forma de empresa. El objetivo de la política neoliberal es la multiplicación de esas unidades dentro de la sociedad. Tratándose, pues, de una sociedad ordenada por la multiplicidad y la distinción  y no por la mercancía y la unicidad. Por un lado, se trata de hacer del modelo económico un modelo mediante el que se relacione el individuo consigo mismo, con el tiempo, su entorno, su familia, su futuro, etc. Y por otro lado, la reconstrucción de unos valores llamados calientes por unos valores fríos de la competencia. Lo que tiene lugar, pues, no es solo una política económica, sino que las relaciones sociales también se enfocan económicamente; donde la política de la Vitalpolitik presenta la función de compensación.

En este contexto de la forma empresa el neoliberalismo americano será un elemento más. Foucault va a señalar al neoliberalismo norteamericano no como el francés o el alemán, sino como toda una manera de ser y de pensar. Tiene lugar una relación de los gobernantes y gobernados más que una técnica de los gobernantes sobre los gobernados. En la concepción neoliberal norteamericana, la teoría del capital humano supone el análisis económico de un dominio no explorado hasta el momento y con ello, la interpretación económica de un territorio considerado como no económico. Tienen lugar un nuevo tipo de prácticas con las que se gestionan las sociedades del capitalismo: dispositivos teóricos que tienen una naturaleza original como por ejemplo la lectura del capital humano. Nunca se había analizado el trabajo, sino que se había reducido al tiempo. Es decir, que el aumento del trabajo era interpretado como un aumento de horas de trabajo en disposición del capital. Para Marx dentro de su análisis el trabajo es entendido como fuerza de trabajo que el obrero vende por cierto tiempo a cambio de un salario establecido por el mercado, que corresponde al resultado entre la oferta y la demanda de fuerza de trabajo. Es, por tanto, el trabajo algo abstracto, que carece de realidad humana. Se convierte en un producto de mercado. Los neoliberales van a introducir el trabajo dentro del análisis económico, entendido como análisis de una actividad (la actividad de los individuos). El salario pasa a ser un ingreso, que es el producto de un capital; es por tanto la renta de un capital. El capital será indisociable de su poseedor y este trabajador es entendido como una máquina en el sentido en que produce flujos de ingresos. Esa máquina cuenta con una vida útil, una obsolescencia, un envejecimiento. El trabajador no es tratado ya en términos disciplinarios, sino que es un sujeto activo, aunque sea ficticiamente activo, ideológicamente activo. Y, por lo tanto, es concebido como un agente económico independiente con autoresponsabilidad. Tiene cierta capacidad de autonomía, ya que puede aumentar su capital humano e invertirlo exitosamente. La supuesta libertad con la que cuenta el sujeto le hace ser responsable de su desarrollo o declive. De esta forma queda anulada la posibilidad de señalar a otro culpable que no sea el propio sujeto.

Entonces, en este conjunto el trabajador es una especie de empresa para sí mismo (este es el extremo de lo que tiene lugar con el neoliberalismo alemán o francés); la idea de que el análisis económico debe mostrar como base empresas y no individuos o mecanismos. Por lo tanto, una economía constituida de unidades-empresa. Al tratarse del sujeto como empresario, la intervención del Estado supone el fracaso en la productividad. Cuando hay éxito, se encuentran solamente relaciones empresariales entre individuos. El hombre de consumo es productor. En base a un capital el individuo produce su propia satisfacción. En esta estructura el capital humano cuenta con elementos innatos (como los heredados) y adquiridos (el individuo puede hacer inversiones).

El neoliberalismo norteamericano utiliza la economía de mercado para resolver relaciones no mercantiles, para relaciones sociales. Y en contraposición con la ambigüedad del ordoliberalismo alemán, los norteamericanos presentan mayor radicalidad. En cuanto a que tratan de generalizar la forma económica de mercado en todo el sistema social completo, de tal forma que pasa a ser un principio de desciframiento de las relaciones sociales.


“El individuo es anulado por completo frente a los poderes económicos. Al mismo tiempo, éstos elevan el dominio de la sociedad sobre la naturaleza a un nivel hasta ahora insospechado. Mientras el individuo desaparece frente al aparato al que sirve, éste le provee mejor que nunca. En una situación injusta la impotencia y la ductilidad de las masas crecen con los bienes que se les otorga.” (Adorno, T. y Horkheimer, M., Dialéctica de la ilustración)


Entonces, lo que se “produce” son sujetos de acción en tanto que acciones sobre acciones posibles. Estos sujetos de acción son entendidos como sujetos libres sobre los que se ejerce el poder. Los sujetos convertidos en empresarios de sí mismos son “dirigidos” ha llevar a cabo determinaciones como trabajadores, consumidores, familiares, sin que tengan que ser dominados de una manera explícita. Se trata como dice Foucault de un modelo de «individualización uniformizadora, identificatoria, jerarquizante». Dentro de la forma masa, unificadora, a la que da lugar el mecanismo de poder se produce a la vez una profunda individualización regida por intereses privados. Esto trae consigo una erosión del espacio público y una individualización radical.


La vida de los individuos está incorporada a un régimen económico, en el que tiene lugar la gestión de la existencia de los individuos, de la totalidad de sus vidas y sus cuerpos. El descubrimiento de los cuerpos y, más tarde, de la población como elementos fundamentales para los mecanismos de poder marcan el devenir de occidente desde el punto de vista de un capitalismo fraguado con la introducción de los cuerpos en el ejercicio de la producción de forma controlada y la regulación entre los fenómenos sociales y económicos.

lunes, 3 de agosto de 2015

El último Foucault (1976): biopolítica y neoliberalismo (I)



La intención presente es señalar ese cambio que Foucault marca se va produciendo en la modernidad. Foucault traza una línea de racionalidad política de Occidente y de sus modelos de gobierno a través de la noción de biopolítica, mediante la cual se estructuran los fenómenos que se han dado lugar a lo largo de la modernidad. Los dispositivos de poder sufren transformaciones a lo largo del tiempo para maximizar su rendimiento con cambios de mecanismos o tecnologías. El poder biopolítico se va configurando a través de la expansión de los mecanismos del mercado y de su lógica de consumo. Tiene lugar una nueva forma de gobierno que toma como centro a la población sobre la que se aplica una gestión, que en un principio se realizará a nivel de los cuerpos y posteriormente a nivel de la masa. Esto será decisivo para sustentar la estructura del capitalismo.

En este contexto, la función del Estado será cuestionada hasta el punto de quedar reducida y sometida por el mercado. Este establece mecanismos de regulación como la expansión de la privatización en la población. Los mecanismos disciplinarios no son aquí necesarios, sino que lo que se produce es un control. No se trata tanto de establecer unas disciplinas a seguir por los individuos, sino de proporcionar las condiciones para que la población quede subsumida en la estructura del mercado.

La base sobre la que se articula es la apropiación política de la vida en la sociedad moderna. Foucault va a marcar como un fenómeno fundamental del siglo XIX el hecho de empezar a tener en consideración la vida por parte del poder. Se produce una especie de estatización de lo biológico. Con la teoría clásica, al contrario, tenía lugar un derecho de vida y muerte del soberano sobre los súbditos (hacer morir o dejar vivir). De hecho, ese derecho de vida y muerte se ejercía desde el lado de la muerte. Es decir, el soberano ejerce su poder precisamente porque puede dar muerte. Entonces, la transformación que tiene lugar del derecho político tiene que ver con no sustituir (sin duda en esta estructura donde el poder se apropia de la vida el derecho de matar no pierde su lugar. A la vez que se trata de instaurar una normalización de la vida tienen lugar mecanismos de hacer morir), sino con una complementación. Aunque al mismo tiempo, el derecho de soberanía se vería profundamente trastocado por el nuevo derecho: hacer vivir y dejar morir. El poder de dar muerte aparece entonces enmascarado como complemento de ese nuevo poder que tiene como objetivo la administración de la vida.

Siguiendo el recorrido de esta transformación, en los siglos XVII y XVIII tienen lugar unas técnicas de poder basadas en el cuerpo individual (el cuerpo entendido como máquina). Dichas técnicas mediante la supervisión, la vigilancia, el adiestramiento, la organización, la separación, el castigo, etc, de esos cuerpos trataban de incrementar la fuerza útil de estos. La tecnología trabajando en orden a una disciplina de trabajo. La disciplina trata de ordenar a los hombres en la medida en que estos pueden ser tratados en cuanto que cuerpos individuales. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XVIII aparece otra tecnología del poder no disciplinaria. Esta no suprime a la técnica disciplinaria, ya que está en otro nivel porque ya no se aplica no al hombre/cuerpo, sino a la vida de los hombres (hombre/especie). Se dirige a los hombres en cuanto que masa global. Esta técnica emplea también mecanismos (como los disciplinarios) para aumentar las fuerzas, pero se lleva a cabo de modo diferente. Aquí no tiene lugar un adiestramiento sobre el cuerpo individual, sino que se usan mecanismos globales para obtener resultados globales de equilibrio y regularidad. Entonces, la primera técnica sería individualizadora y la segunda masificadora, es decir, se pasa de una anatomopolítica a una biopolítica.

Se trata de tener en cuenta la vida, los procesos biológicos de la población y de introducir en ellos no disciplina sino regulación. La biopolítica no es el secreto de la soberanía, sino que se puede gestionar el cuerpo como vivo. Y con respecto a ello, el Estado tiene derecho a determinadas cosas sobre mi cuerpo por el hecho de ser parte de la nación. La biopolítica, en los comienzos, centra su atención en el control de la natalidad, la mortalidad y la longevidad junto con asuntos de índole económica y política. Se introducen dentro de las fórmulas  sobre la fuerza y el tiempo de trabajo y los costos económicos. Comienza por ejemplo la enfermedad a ser tratada como fenómeno de población o campañas de higiene y medicalización de la población. La nueva tecnología de poder va a tratar con la población. Y en estos términos los fenómenos a tratar serán, pues, los colectivos; los que están en el nivel de las masas y, por lo tanto, es fácil establecer. Y estos son aquellos que presentan efectos económicos y políticos. Hay, por tanto, un mecanismo de control.


“… sino seres vivos atravesados, mandados y regidos por procesos y leyes biológicas.” (Michel Foucault, Las Mallas del Poder)


Esto tuvo lugar porque el poder se advirtió como insuficiente a la hora de organizar económica y políticamente a una sociedad que viajaba hacia una explosión demográfica y una industrialización contando con la teoría clásica de la soberanía. El poder lo que lleva a cabo son unos mecanismos que reportaran mayor rentabilidad, traducida en una mayor fuerza de trabajo o un control por parte del mercado. El primer ajuste de los mecanismos de poder fue la introducción de la disciplina (siglo XVII). Y el segundo ajuste, con el que se trata fenómenos globales con los procesos biosociológicos de las masas humanas (siglo XVIII). El poder tiene en cuenta la ventaja que supone contar con los individuos como entidad biológica que puede reportar producir riqueza y otros individuos en beneficio del poder.

Lo que se muestra son los cambios que tienen lugar en la racionalidad de gobierno desde el siglo XVIII dominado por la razón de Estado. En la razón de Estado la gubernamentalizad  es la encargada de dar fuerza al Estado a través de unas formas determinadas de gobernar y unas instituciones. Sin embargo, esta transformación de una razón de Estado y sus restricciones jurídico-políticas se encamina hacia un modelo económico que intervendrá en contra de la acción del gobierno, y no tanto en contra de la soberanía. Finalmente, el resultado es la limitación de la razón de Estado y el enfoque del trabajo del gobierno  para satisfacer al ámbito económico. El liberalismo trata de limitar lo máximo posible la acción estatal, establecer principios de interés y utilidad y establecer al mercado como lugar desde el que se determina la práctica gubernamental. Se produce la aparición de un nuevo sujeto, el homo œconomicus, que marca la racionalidad social y económica a través del interés. En consecuencia la racionalidad liberal de gobierno será entendida como determinación de un contexto en el que ese sujeto cuenta con la libertad de mercado, de consumir.

Por otra parte, al encontrarse los mecanismos disciplinarios y los mecanismos de regulación en diferentes niveles les permite no excluirse y poder articularse. Será la norma aquello que pueda aplicarse tanto a un cuerpo a la hora de usar mecanismos disciplinarios como a la población con los mecanismos de regulación. El objetivo es calificar, jerarquizar de acuerdo con una norma que establece divisiones dentro de las relaciones sociales. En la sociedad de normalización coexisten, pues, la norma de la disciplina y la norma de la regulación. En el siglo XIX el poder toma posesión de la vida y lo hace porque se ocupa desde lo orgánico hasta lo biológico, es decir, porque usa conjuntamente tecnologías de la disciplina y de la regulación.


En relación con esto se encuentra la libertad. Foucault va a comprender la libertad como algo ligado al modelo de poder en el que la base establecida es el movimiento de personas y cosas. Entonces, el liberalismo es el encargado de administrar las condiciones de libertad y, por ello, debe aplicar mecanismos de control. De tal forma que tienen lugar técnicas disciplinarias que se encargan de todos los detalles a lo largo de sociedad. Hay, por tanto, acción conjunta de libertad económica y tecnologías de la disciplina.