
Foucault va a tratar la
transformación del liberalismo hacia el neoliberalismo del que somos
contemporáneos que tiene lugar en el siglo XX, focalizándose tras la Segunda
Guerra Mundial, en Alemania, Estados Unidos y Francia. Lo que trata de hacer
Foucault es rastrear la naturaleza de la estatalidad europea. Se va a definir
el neoliberalismo alemán como: la reactivación de viejas teorías económicas, el
elemento por el que se establecen relaciones mercantiles en la sociedad y la
cobertura para una intervención administrativa del Estado. En el siglo XX el
objetivo de los ordoliberales es fundar
la legitimidad de un Estado a partir de la libertad de mercado y sobre la
vigilancia del mismo. Se adopta un modelo influenciado por la Escuela de
Friburgo, donde se rechaza el intervencionismo en pro de una liberalización del
proceso económico. La legitimidad del Estado se sustenta en tanto que respeta
la libertad de mercado y este no encuentra obstáculos institucionales en su
lógica. Su problema consiste en cómo ordenar el ejercicio global del poder
político a lo establecido por una economía de mercado.
En este contexto Foucault señala
que antes de que los nazis tomaran el poder existían impedimentos contra una
política liberal. Y este tipo de discurso sería heredado por los neoliberales
alemanes, haciendo una lectura del neoliberalismo a través del
nacionalsocialismo. Los ordoliberales pondrían la fuerza en defender que el
nazismo es una invariante antiliberal, con su propia lógica y necesidad
interna; es el crecimiento desmesurado de un poder estatal. Es decir, es el
resultado de políticas intervencionistas y de esa excesiva acción del Estado.
En todo caso no van a presentar el nazismo como procedente de una situación de
tremenda crisis, que se dirige a una economía y una política incapaces de
superar sus contradicciones y, por lo cual, incapacitado para servir en el
análisis de la historia del capitalismo Europeo. De esta forma, lo que se
pretende es llamar a alerta sobre los peligros de la invariante antiliberal.
Aquí va a señalar Foucault, al contrario, que el nacionalsocialismo alemán
presenta claramente una debilitación del Estado. Se produce una destrucción del
estado, una reducción a mero instrumento de la población, del Fuhrer, del
partido. El nacionalsocialismo no es el Estado reforzado, sino desfondado de lo
que hay en su interior; desformalización del Estado, de su forma jurídica. El
Estado alemán pierde su figura de persona jurídica, careciendo incluso de
personalidad política. Lo importante es el movimiento, mientras que el Estado
es una mera cristalización transitoria.
El capitalismo desemboca en
masas. En la sociedad capitalista los individuos son extraídos de su comunidad
natural y pasan a formar parte de una forma anónima, la masa. El capitalismo,
para W. Sombart (que el propio Foucault cita en sus textos), priva a los
individuos de comunicación entre ellos si no funciona de intermediario el
aparato administrativo. Los individuos pasan, pues, a ser átomos sometidos a
una autoridad que deben llevar a cabo un consumo masivo cuya finalidad no es
más que la uniformación y normalización de los mismos. El capitalismo condena a
los individuos a una sociedad del espectáculo. El nazismo hizo suyo ese
discurso en el que la economía y el Estado capitalistas habían destruido a la
sociedad. Sin embargo, los neoliberales con su discurso del nazismo como
resultado un crecimiento desbocado de la estatalidad defenderán que lo que
hacen los nazis, en consecuencia con ese crecimiento, es acentuar aún más esa
sociedad de masas, uniformadora, normalizadora, del espectáculo. Entonces, para
ellos, los fenómenos masivos están ligados al antiliberalismo, a la
racionalidad misma del Estado, y no a la economía de mercado. Los fallos deben
de ser imputados al Estado. La economía carece de responsabilidad alguna. Y,
con ello, defienden la defensa de una libertad de mercado como reguladora del
Estado. Por lo tanto, lo que se buscaba era un Estado que no interviniera en el
mercado, pero si en la necesidad de propiedad individual para la producción.
Entonces, bajo la raíz última de que el nacionalsocialismo es una perversión de
la democracia y el Estado, se presenta un orden que busca generar condiciones para
elegir instancias autoreguladas (para que los individuos elijan, no con
instancias disciplinarias). La estrategia de la autoregulación lleva a superar
las categorías de orden disciplinario. No es la lógica de la esclavización
masiva, es algo diferente.
En el siglo XVIII, para los
liberales lo esencial del mercado está en el intercambio (dejar hacer, dejar
pasar). En cambio, para lo neoliberales está en la competencia. Esto conduce a
la desigualdad; no existe un juego natural entre individuos como en el modelo
liberal. Las condiciones para que se produzca la competencia deben ser, por
tanto, artificialmente establecidas. Se deben generar las condiciones para la
adecuada competencia. Los neoliberales realizaron transformaciones en el
liberalismo clásico. La teoría de la competencia produce la desvinculación
entre la economía de mercado y las políticas del laissez-faire.
“Una política social no puede fijarse la igualdad como objetivo. Al
contrario, debe dejar actuar la desigualdad y, como decía… ya no sé quién, creo
que Ropke: la gente se queja de la desigualdad, pero ¿qué quiere decir eso? “La
desigualdad-dice- es la misma para todos”.” (Nacimiento de la biopolítica, Clase del 14 de Febrero de 1979, M.
Foucault)
Entonces, este nuevo estilo
gubernamental defiende: en primer lugar, una legislación antimonopolística; en
segundo lugar, acciones reguladoras en cuanto a los precios y la inflación; en
tercer lugar, acciones ordenadoras que marcan un contexto de existencia del
mercado para la sociedad; y en último lugar, una política social que no se basa
en un reparto equitativo sino en un
crecimiento económico en pro de una mayor capitalización para dar lugar a una
política social privatizada. Los ordoliberales defenderán una desigualdad
necesaria para establecer una regulación económica y una privatización, una
“política social individual”. Una individualización por la política social y no
una colectivización y socialización. La política social no debe ser entendida
como algo que alivie la política económica. En cambio, son los individuos los
que deben tener los ingresos suficientes para llevar a cabo la capitalización
individual.
“… a ojos de los neoliberales, cuyo problema no pasa por saber si hay
cosas que no pueden tocarse y otras que es legítimo tocar. El problema es saber
cómo tocarlas. Se trata del problema de la manera de actuar o, si les parece,
del estilo gubernamental.” (Nacimiento
de la biopolítica, Clase del 14 de Febrero de 1979, M. Foucault)
En este contexto hay que tener en
cuenta que el gobierno no tiene que intervenir sobre los efectos del mercado en
la sociedad, no desarrollar planes económicos. Al contrario, debe intervenir en
la sociedad con la intención de que los mercados puedan actuar de reguladores.
Es decir, su función es definir el contexto en el que se desarrolla el mercado,
marcar límites a la intervención estatal y dejar la regulación social a cargo
del mercado.
La sociedad que se persigue no es
ya una sociedad sometida al afecto de la mercancía, sino una sociedad de
empresa. Lo que se da es un programa de racionalización económica. Lo que se
busca es obtener una trama social formada por unidades básicas que presenten la
forma de empresa. El objetivo de la política neoliberal es la multiplicación de
esas unidades dentro de la sociedad. Tratándose, pues, de una sociedad ordenada
por la multiplicidad y la distinción y
no por la mercancía y la unicidad. Por un lado, se trata de hacer del modelo
económico un modelo mediante el que se relacione el individuo consigo mismo,
con el tiempo, su entorno, su familia, su futuro, etc. Y por otro lado, la
reconstrucción de unos valores llamados calientes por unos valores fríos de la
competencia. Lo que tiene lugar, pues, no es solo una política económica, sino
que las relaciones sociales también se enfocan económicamente; donde la
política de la Vitalpolitik presenta
la función de compensación.
En este contexto de la forma
empresa el neoliberalismo americano será un elemento más. Foucault va a señalar
al neoliberalismo norteamericano no como el francés o el alemán, sino como toda
una manera de ser y de pensar. Tiene lugar una relación de los gobernantes y
gobernados más que una técnica de los gobernantes sobre los gobernados. En la
concepción neoliberal norteamericana, la teoría del capital humano supone el
análisis económico de un dominio no explorado hasta el momento y con ello, la
interpretación económica de un territorio considerado como no económico. Tienen
lugar un nuevo tipo de prácticas con las que se gestionan las sociedades del
capitalismo: dispositivos teóricos que tienen una naturaleza original como por
ejemplo la lectura del capital humano. Nunca se había analizado el trabajo,
sino que se había reducido al tiempo. Es decir, que el aumento del trabajo era
interpretado como un aumento de horas de trabajo en disposición del capital.
Para Marx dentro de su análisis el trabajo es entendido como fuerza de trabajo
que el obrero vende por cierto tiempo a cambio de un salario establecido por el
mercado, que corresponde al resultado entre la oferta y la demanda de fuerza de
trabajo. Es, por tanto, el trabajo algo abstracto, que carece de realidad
humana. Se convierte en un producto de mercado. Los neoliberales van a
introducir el trabajo dentro del análisis económico, entendido como análisis de
una actividad (la actividad de los individuos). El salario pasa a ser un
ingreso, que es el producto de un capital; es por tanto la renta de un capital.
El capital será indisociable de su poseedor y este trabajador es entendido como
una máquina en el sentido en que produce flujos de ingresos. Esa máquina cuenta
con una vida útil, una obsolescencia, un envejecimiento. El trabajador no es
tratado ya en términos disciplinarios, sino que es un sujeto activo, aunque sea
ficticiamente activo, ideológicamente activo. Y, por lo tanto, es concebido
como un agente económico independiente con autoresponsabilidad. Tiene cierta
capacidad de autonomía, ya que puede aumentar su capital humano e invertirlo
exitosamente. La supuesta libertad con la que cuenta el sujeto le hace ser responsable
de su desarrollo o declive. De esta forma queda anulada la posibilidad de
señalar a otro culpable que no sea el propio sujeto.
Entonces, en este conjunto el
trabajador es una especie de empresa para sí mismo (este es el extremo de lo
que tiene lugar con el neoliberalismo alemán o francés); la idea de que el
análisis económico debe mostrar como base empresas y no individuos o
mecanismos. Por lo tanto, una economía constituida de unidades-empresa. Al
tratarse del sujeto como empresario, la intervención del Estado supone el
fracaso en la productividad. Cuando hay éxito, se encuentran solamente
relaciones empresariales entre individuos. El hombre de consumo es productor.
En base a un capital el individuo produce su propia satisfacción. En esta
estructura el capital humano cuenta con elementos innatos (como los heredados)
y adquiridos (el individuo puede hacer inversiones).
El neoliberalismo norteamericano
utiliza la economía de mercado para resolver relaciones no mercantiles, para
relaciones sociales. Y en contraposición con la ambigüedad del ordoliberalismo
alemán, los norteamericanos presentan mayor radicalidad. En cuanto a que tratan
de generalizar la forma económica de mercado en todo el sistema social
completo, de tal forma que pasa a ser un principio de desciframiento de las
relaciones sociales.
“El individuo es anulado por completo frente a los poderes económicos.
Al mismo tiempo, éstos elevan el dominio de la sociedad sobre la naturaleza a
un nivel hasta ahora insospechado. Mientras el individuo desaparece frente al
aparato al que sirve, éste le provee mejor que nunca. En una situación injusta
la impotencia y la ductilidad de las masas crecen con los bienes que se les
otorga.” (Adorno, T. y Horkheimer, M., Dialéctica de la ilustración)
Entonces, lo que se “produce” son
sujetos de acción en tanto que acciones sobre acciones posibles. Estos sujetos
de acción son entendidos como sujetos libres sobre los que se ejerce el poder.
Los sujetos convertidos en empresarios de sí mismos son “dirigidos” ha llevar a
cabo determinaciones como trabajadores, consumidores, familiares, sin que
tengan que ser dominados de una manera explícita. Se trata como dice Foucault
de un modelo de «individualización uniformizadora, identificatoria,
jerarquizante». Dentro de la forma masa, unificadora, a la que da lugar el
mecanismo de poder se produce a la vez una profunda individualización regida
por intereses privados. Esto trae consigo una erosión del espacio público y una
individualización radical.
La vida de los individuos está incorporada
a un régimen económico, en el que tiene lugar la gestión de la existencia de
los individuos, de la totalidad de sus vidas y sus cuerpos. El descubrimiento
de los cuerpos y, más tarde, de la población como elementos fundamentales para
los mecanismos de poder marcan el devenir de occidente desde el punto de vista
de un capitalismo fraguado con la introducción de los cuerpos en el ejercicio
de la producción de forma controlada y la regulación entre los fenómenos
sociales y económicos.
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